lunes, 3 de octubre de 2011

La chaqueta perdida y encontrada

Por: Alfredo Jurado

Era la vez que estábamos haciendo un viaje en crucero desde Nueva York, hasta Quebec. El crucero debía hacer ciertas paradas para que los turistas, entre ellos mi familia, pudiéramos apreciar el norte de EE.UU. Entonces fue cuando llegamos, creo, que a Boston, no lo sé con exactitud. Cuando llegamos tuvimos que bajar del crucero con abrigos y paraguas, el día estaba nublado y frío. Pero a pesar de la no benevolencia del clima, mi mamá, mi padre y yo pasamos un tiempo agradable caminando por algunos lugares, entrando en algunas tiendas, en la cuales me compré un sombrero de capitán de buque o cualquier otro vehículo acuático el cuál es negro, y hasta el sol de hoy lo poseo con gran orgullo, pues sentía, que junto a mi padre, éramos un par de marineros que añoraban la tierra firme, pero de igual manera, necesitábamos estar en el mar. Caminamos y caminamos. Las calles de Boston no serán muy empinadas, pero hubo ciertos lugares que sí lo eran. Pero es no importó, seguimos caminando y caminando y decidimos tener un pequeño descanso en un cafetín, tranquilo y apacible, donde proseguimos a tomarnos una taza de chocolate caliente, el cual, con el clima como estaba, era excelente y reconfortante. Es en ese momento en que vemos a un tío con los cuáles estábamos paseando y en su brazo traía una chaqueta. Era de color azul, de una tela impermeable, un poco dura, pero no pesada. De cualquier material del que estuviera hecho la chaqueta, era hermosa y tenía estilo. Mi tío nos dijo: “Encontré esta chaqueta tirada, perdida en un banco. Intenté devolverla a quien se le haya perdido, pero no encontré a nadie. Quisiera ver si le quedará a Alfredo Bernardo.” Efectivamente me quedó como anillo al dedo y me enamoré de ella. Incluso hasta hoy, tengo esa chaqueta. Y eso que han pasado unos nueve años desde el rescate de esa chaqueta.

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