miércoles, 10 de abril de 2013

El pseudo humano



Por: Alfredo Jurado
Llegan momentos, instantes oleadas, en que no se está; la presencia física queda, pero la esencia no se halla, no está presente. Es un momento en el cual la contemplación de lo infinito no trae ni agravios, ni epifanías ni grandes explosiones de ideas. Es un momento en el cual sólo queda el caparazón y las funciones vitales continúan, sin razón aparente, pero con la simple intención de existir. Se es nada en concreto; se es un idiota con una simple mirada perdida, que divaga de lado a lado, no en busca de algo tan espectacular como para romper con preconcepciones, sino simple pérdida de toda conciencia y estado de presencia. No hay sentir, no hay añoranza, no hay deseos ni esperanzas; no hay dulces ni dolores; no hay algo, sólo queda nada… Son momentos que pasan tan fugazmente como vienen; pero la relatividad del tiempo, hace que parezca ese estado de “no-presencia” un período largo que al volver uno en sí, lo que queda es desorientación.

El humilde y siempre cordero



Por: Alfredo Jurado
Un líder no nace, se hace. Siempre querremos ser líderes; ambicionaremos el poder, la capacidad de ordenar, de mandar, de imponernos sobre el resto. Un individuo es simplemente un cordero más en un rebaño que se dirige al matadero. Un rebaño que al pasar el tiempo, lo van trasquilando y adecuando, un rebaño que suele extraviarse, como cualquier otro, en su ida hacia un final incierto, pero final al fin (valga la redundancia). La figura del pastor siempre es codiciada, y para intentar igualarla, el rebaño siempre elige al “más apto” entre ellos para que éste dé, represente y cumpla las necesidades del resto, llegando siempre a la ambición de ser “El Pastor”… Ningún cordero puede ser pastor, pero siempre habrá corderos que lo intenten y que serán (guste o no) más que el resto. Es la ambición por ser siempre El Pastor; esa, creo, es la máxima necesidad de todo cordero. ¿Qué es lo que contiene en esencia la figura de un pastor? Contiene atributos elevados, perfeccionados y eternizados. Atributos que cualquier cordero pudiera desarrollar si acaso no estuvieran tan alienados por esperanzas y sueños; deseos y metas casi imposibles de lograr. Enajenan cualquier valor o virtud que puedan poseer y la tergiversan al punto de volverla una de El Pastor…y estos atributos, estos valores magnificados se vuelven entonces el sumo bien y el sumo logro al que aspira “ese cordero”, aquél que se le conoce como “líder”… Con respecto a esto, yo prefiero ser un simple y humilde cordero más del rebaño, un simple cordero que se ha extraviado y que, para su desdicha y preocupación, en este inmenso valle, su pastor no lo encuentra, pero… ¿Quiere este cordero ser hallado; quiere acaso dar lo que sabe que es suyo, al pastor?

domingo, 3 de febrero de 2013

Un mundo sin exquisitez



Por: Alfredo Jurado
Hoy día no puedo entender cómo la gente sigue pidiendo buen trato, cordialidad, respeto y buenas maneras. Cómo se exige una buena atención en sitios públicos: oficinas, restaurantes, ministerios, institutos, etc. El mundo ahora es más desconfiado, más violento, más estresado, más intrincado y más conectado. Ya la vida, de cierta forma hablando, no es tan “llevadera” o ya no es más tranquila, no es más, no lo sé, ya la vida simplemente no es tan… Conozco los estigmas que dejó la guerra fría en las personas: sus actores y público hacen gala del estrés que se tuvo desde 1948 hasta 1991, con todo lo que ella implicó y más: la Revolución Cubana, la Guerra de Corea, Vietnam, Watergate, Nicaragua, Irán, etc., etc., etc. Sus vidas estaban llenas de tantas disputas y tantos ataques internacionales que el sólo abrir de un periódico y ver los encabezados, ya era una locura vivir en esos tiempos. O eras “verde” o eras “rojo”, no había intermedio; o eras “conservador” o eras “renovador”; te adaptabas o morías, así era la cosa (y hoy día la cosa parece seguir así). Ya creían que la humanidad había alcanzado cierto grado de altura, madurez y tolerancia con las llegada de los 90’s y con un futuro prometedor en el siglo XXI…supongo que el errar sigue siendo de humanos tan “avanzados”. Ahora, en estos nuevos tiempos, y pensándolo mejor, no es que tengamos estrés, no…tenemos “terror”; es algo nuevo que se ha agregado a la vida del hombre de este tiempo y que causa estrés y que comenzó en 2001 y se empeora cada vez más y más. Pero con el internet, la UE, Facebook, la Apple, el universo televisivo “sin barreras” y más, parece que, aun en este mundo de terror, la gente no deja de pedir exquisiteces.

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Quién nos manda?



Por: Alfredo Jurado
Una pregunta que una vez vi plasmada en un trabajo me resuena ahora más que nunca por tanto que se ha vivido en este nuevo año. La cuestión no es otra que una muy básica y diría que casi fundamental: ¿el hombre, el ser humano, necesita ser gobernado?, ¿necesita tener un líder, las sociedades necesitan a alguien o a un grupo que los mande, que los guíe? No tengo respuesta para esto aún, pero sí tengo, llamémoslo así, la razón de por qué estas preguntas regresan a mi memoria. Ya se llevan más o menos diez años de lucha y protesta en Caracas y Venezuela desde que, en el 2003, la gente y los altos cargos no se pusieran de acuerdo y dejaran que esto mal llamado “revolución” siguiera su curso y que llegara a lo que ha llegado. Ya tantos ultrajes, tantas indecencias, ya tanta traición y venta se ha hecho durante esta década del siglo XXI, del país al que vulgarmente se conoce como “República Bolivariana…” que lamentablemente no hay otra manera de pensar, a los ojos de cualquier extranjero, acerca de este país como (y lamento severamente esta connotación, pero así me parece) una jinetera mal vendida al peor postor: Cuba. El problema y las protestas ahora no son porque si vamos al comunismo o porque si nos invadan o porque raíz cuadrada de 65 no da número par. Ahora el rollo es que no hay quién mande, no se sabe quién manda: si él o el otro, si somos una colonia o si podremos reponer nuestra “soberanía”. Estamos sin un guía, malo o bueno, andamos sin uno, y esto hace pensar que el Hombre, verdaderamente necesita de alguien que lo guíe, que lo dirija, que lo someta, porque eso también hace un líder siendo benévolo o no.

Se auto-realizó



Por: Alfredo Jurado
Hoy no sé cuántos serán, pero sé que los cumple, sé que celebra un año más de vivir. Ya andará golpeado, restaurado y embarrado de maquillaje e encandilado por las luces de los estudios o de su cuarto a los momentos de leer, pero sé que no le falta nada, se le nota. Ya será mayor y ya nos dará sus puntos de vista acerca de todo lo que sucede con audaz ojo crítico y con certera puntería. Pero no creamos mucho de la imagen que este señor da ante las cámaras y los televidentes, ante los radioescuchas y los millones de personas que alguna vez hayan visto alguna foto suya; lo que aparenta él no es eso, al contrario, es más, mucho más que eso y se los digo porque lo he vivido y lo he presenciado. Su persona y ser, su manera de actuar y hablar, todo él se ha formado gracias a los beneficios y desdichas de la vida de un hombre cualquiera que ha logrado pasar los estadios de la vida definidos por Kierkegaard. Sé bien que al principio, como muchos de nosotros que somos jóvenes, tuvo la actitud de cualquiera que quiere vivir la vida como aquel que siente no le falta nada y nunca le faltará. Pero luego quiso pasar a esa parte de la vida del hombre honrado, moral y bien educado, que lamentablemente la vida le hizo reconsiderar eso y que lo llevó a despedirse de su patria, de su familia y de todo aquello que conocía y quería. Pero así, llevado por la angustia, pero con gran fuerza animal (de ánima, ojo) logró sobreponerse a todo y halló a el Soberano, entendiéndolo y decidiendo vivir una vida que le provee todo y que le refuerza aquella creencia de que nunca nada le hará de faltar por el reto del tiempo que viva. Me he excedido en este escrito, sólo para decirle: feliz cumpleaños hermano, felicidades.